Punto, línea, plano. Después, el círculo y el cuadrado, el cubo y la esfera. Son las primeras formas que aprendemos a dibujar, y nos acompañan toda la vida.

CÓMO NACE UNA JOYA

En la Colección Geométricos busco esa pureza. Joyas de líneas limpias y volúmenes claros, donde la estructura es la protagonista y cada plano, cada ángulo y cada arista tienen una razón de ser.

Quiero que sean joyas con una presencia firme y serena, que se noten sin pedir atención, y que al mismo tiempo resulten ergonómicas, cómodas en la mano y fáciles de llevar un día cualquiera.

Las trabajo en plata 925, bronce y alpaca, con terminaciones en brillo espejo, satinadas o combinando las dos. La terminación cambia por completo la manera en que la luz recorre la forma. Hoy la colección reúne anillos.

UN CAMINO PERSONAL

Durante muchos años trabajé como diseñador gráfico. En mi carrera profundicé mis conocimientos en morfología, el estudio de cómo se construye una forma, de cómo dialoga un plano con otro y de por qué una composición se siente en equilibrio o en tensión. En historia del diseño estudié en profundidad la Bauhaus y otros movimientos históricos de la vanguardia del diseño. Mi oficio era analizar, encontrar lo esencial, ordenar, medir, componer y comunicar el mensaje de otros.

En paralelo pintaba al óleo en el taller de mi Maestro, el pintor surrealista Juan Campodónico. Estudié con él en los años 80 y 90, y luego en los 2000. Con él aprendí el dibujo de las formas sutiles, y conocí la obra de los pintores abstractos y su manera de usar la geometría como forma de expresión.

En esos años fui a ver muestras de Eduardo Mac Entyre, Roberto Aizenberg y Ary Brizzi, estudié la obra de Julio Le Parc, leí los libros de Tomás Maldonado y me acerqué al movimiento Madí, y más tarde a los diseños de Philippe Starck y de diseñadores japoneses.

Pero lo que más me marcó de mi Maestro fue otra enseñanza, el alma del movimiento surrealista. Dejarse llevar por la intuición, por el azar, por la voz interior y lo onírico, y correr a un lado la razón y lo planeado. Practiqué esa forma de crear y el automatismo surrealista durante mis años en la pintura, y todavía hoy lo uso cuando diseño joyas.

Un camino sin líneas

Cuando empecé esta colección volví a lo que sabía del diseño. Bocetaba la joya, analizaba con cuidado cada plano, cada ángulo, medía todo al milímetro y después lo llevaba a la cera con precisión matemática. Quería probarme a mí mismo que podía hacerlo, llevar al metal, con exactitud, una idea dibujada en un papel.

Con el tiempo pasó algo que no había buscado. Sin pensarlo, me solté. Empecé a trabajar directamente sobre la cera, sin planear nada, siguiendo el modo en que las limas y las lijas iban comiendo el material. Las manos encontraban solas esos mismos planos, ángulos y formas que antes medía, y ahora aparecían desde un lugar más profundo.

La planificación que había aprendido en el diseño le dejó lugar a la intuición, a esa forma de crear que había incorporado pintando con mi Maestro. Una vez más en mi camino, lo interior le ganaba a la razón.

Siento que las piezas talladas así tienen, al menos para mí, más fuerza y más solidez. El conocimiento técnico y el cuidado del detalle siguen estando, traducidos al metal desde otro lugar. Y disfruto mucho más creándolas.

Las dos maneras de trabajar conviven en la colección. Algunas joyas nacieron de un boceto medido y otras directamente en la cera. Cada una se talla a mano, se funde a la cera perdida y vuelve a mis manos para las terminaciones. Me gusta pensar esta colección como un camino que curiosamente se fue abriendo sin líneas rectas, para joyas en las que la línea pura es la protagonista.

PARA QUIÉN LA PENSÉ

Pensé estas joyas para mujeres que eligen con criterio qué ponerse, que disfrutan del diseño y que encuentran en una forma clara una manera de decir algo propio. Mujeres que se sienten seguras con poco, y que prefieren una pieza bien resuelta antes que muchas parecidas.

Son joyas con presencia y cómodas de llevar, que acompañan igual un día de trabajo que una salida. Tienen algo de pequeña arquitectura para la mano, una forma decidida, sin adornos, que termina de completarse en quien la elige.